Facilitar soluciones ante las necesidades de encontrar o vender el hábitat para el hogar es una actividad sensible y delicada que implica al agente inmobiliario desarrollar habilidades de comunicación en torno a múltiples tópicos de las familias.

Es el agente inmobiliario quien guía en el proceso de servirles en todas sus necesidades inmobiliarias; un emprendedor o empresario que ha desarrollado destrezas en todos los campos inmobiliarios pues él mismo es la compañía.

Conoce de primera mano cómo funciona la sicología del consumidor o la mentalidad de las personas y las estructuras que rigen su conducta, contemporáneamente llamado conductismo, que analiza cómo el comportamiento aprendido condiciona en gran medida las decisiones de los consumidores.
Establece un nivel de confort para sentirse cómodo, satisfecho y feliz comercializando inmuebles.
Sabe que los negocios serios triunfan con una buena dosis de disciplina en Marketing Inmobiliario con los planes y las formas correctas para promocionar productos.

Tiene la pericia suficiente para tratar con contratos, requerimientos jurídicos y técnicos de la vivienda ya que el mercado inmobiliario está regulado y las malas prácticas en el sector pueden derivar en consecuencias graves.

Avanza con la dinámica planteada por las nuevas formas tecnológicas de negocios donde crece la participación de los ‘millenials’, que quieren comprar o arrendar inmuebles sin necesidad de acudir a una oficina, optando por el uso de sus teléfonos inteligentes.

Desea la práctica de la ética en el ejercicio profesional para un sano y armónico actuar estableciendo códigos de actuación profesional auto reguladores, de manera clara, hasta con sanciones por su incumplimiento.

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