El profesional inmobiliario de reconocimiento y éxito se caracteriza entre otros, por sus valores éticos y morales; es respetuoso; sabe que, para la sana interacción humana, toda actividad donde dos o más personas se relacionan debe surgir del respeto mutuo, a todas las áreas del ser, como creencia, maneras de pensar, credos, formas de comportamiento.

El fundamento es que quien no se respeta como un ser humano de calidad, no podrá nunca respetar a los demás. Este fundamento lo hace una persona comprometida que se relaciona con la obligación contraída, la palabra dada, la fe empeñada y con la responsabilidad personal de cumplir cabalmente con lo ofrecido.

Por las dos razones anteriores el profesional inmobiliario es confiable, tiene la preparación profesional y la responsabilidad para ofrecer soluciones confiables; su integridad profesional lo avala y siempre emitirá juicios en los que ha puesto todo su interés por obtener la mejor información; lo que dice, obedece a criterios de recta razón.

Los valores éticos y morales del profesional inmobiliario se extienden a otras áreas como la ‘congruencia’ para corresponder entre la idea y el acto. Discreción, pues se preocupa y ocupa permanentemente en tener sensatez para formar juicios demostrando tacto para hablar u obrar. Sabe guardar la información profesional que recibe ya sea de sus clientes, colaboradores o contratantes, cuidando no divulgarla o darla a conocer innecesariamente.

Reserva opiniones que no se hayan comprobado previamente sin emitir juicios con información inexacta. Honestidad, por la forma recta de emprender acciones; la forma cabal de hacer las cosas. La honradez o calidad de probo, de recto proceder e integridad; cuidadoso en el manejo de los recursos económicos.

Complementa a la honestidad, la lealtad y la confiabilidad. Prudencia en su trabajo y en las relaciones con los demás recogiendo información que clasifica con criterios rectos y verdaderos; pondera las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás antes de tomar una decisión, actuando luego o dejando de actuar de acuerdo con lo decidido; asume las consecuencias de sus actos con base en la probidad de las decisiones que toma o acepta; de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible o, por lo menos, no perjudicados ocupándose a la vez de que las otras personas en quienes pueda influir, hagan lo mismo.

Finalmente, y no en menor grado que los anteriores, el profesional inmobiliario es veraz, como correspondiente obligación que tiene de indagar los hechos hasta encontrar el origen de la verdad de las cosas que le permita actuar en consecuencia con veracidad, procurando que, con su disciplina permanente en este sentido, coadyuve en el esclarecimiento de cualquier tipo de duda o hechos confusos.

Por lo expuesto, -sin menoscabo de mayores y amplios análisis-, el profesional inmobiliario tiene un compromiso con la comunidad, con el gremio y con su propia naturaleza comercial pues como bien dijo el supremo Maestro: “Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz”; el cabal cumplimiento de la noble misión generará toda una tradición de buen nombre y prestigio.

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