A propósito de la agenda presidencial con los nuevos mandatarios de distintos municipios en torno a temas prioritarios como el déficit habitacional, medio ambiente, movilidad, armonización normativa para la protección de ecosistemas, preservación del agua, seguridad, y demás temas de calidad de ciudades, vale la pena reflexionar en la actitud del ciudadano como hacedor social en la clase de vecindario, barrio, ciudad y país que queremos.

Cada módulo de la sociedad debe cumplir las obligaciones que le demandan el derecho a ser respetado en su derecho a vivir dignamente lo que implica que la convivencia sana, pro activa y positiva, requiere necesariamente una participación ciudadana que defienda, organice, y coadyuve las labores que nuestra organización político social tiene establecidos para el desarrollo de la nación.

La crítica solo es buena si la precede el espíritu constructivo pues de lo contrario se encierra en círculos de miseria estériles e inertes que en nada aportan para los cambios que el crecimiento urbano exige de manera sinérgica ante las consecuencias catastróficas que el mundo contemporáneo padece como consecuencia precisamente de la inconciencia e indolencia de los ciudadanos del mundo en el trato con el ecosistema.

Todo comienza en casa es el viejo principio que cobra vigencia para revisar qué, desde nuestros hogares, estamos haciendo mal contribuyendo a la cadena de errores y malos hábitos como el desperdicio de agua y energía eléctrica, mal manejo de basuras mezclando reciclables con orgánicos, arrojando sustancias tóxicas en los sifones, y una larga lista de afectaciones cuyos efectos funcionan como el fenómeno óptico del grano de arena que no se nota, pero que entre todos forman una montaña que más allá de afectar los entornos directos, le dan la vuelta al mundo en una cadena de desastres ecológicos.

La vivienda y el medio ambiente, son temas claves que debemos asumir como propios y no solamente una responsabilidad de quienes manejan el Estado, somos nosotros mismos quienes padecemos las consecuencias de racionamientos de agua y energía, encarecimiento de alimentos, escasez, consumo de alimentos contaminados y padecimientos por enfermedades degenerativas catastróficas de “origen desconocido”.

Es necesario cambiar la mentalidad hacia mejores hábitos contributivos y constitutivos de una nueva sociedad más amigable y respetuosa de la vida futura pensando en nuestros herederos. La calidad de vida no solo se da en una mayor cantidad de unidades de vivienda por ciudad, ni de mega obras de infraestructura urbana, sino también de pequeñas obras al interior de cada persona y de cada hogar.

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